Gerardo Chávez partió a la eternidad el 22 de junio del 2025

Por David Novoa.
Por un artista de talla mundial como él debió estallar una apoteosis cultural a modo de despedida, pero no. A duras penas ciertas iniciativas particulares lo homenajearon y, entre ellas, esta en la que participé en el Museo del Juguete, espacio trujillano creado por el mismo pintor.
Recipiente de una actividad cultural frecuente, el Museo ofrece entre sus varios escenarios, seis pequeños balcones que dan, desde su segundo piso, a la calle Independencia. «¡Una balconada poética!», se les ocurrió a los poetas Carolina Salazar y Aurea Rodríguez, coordinadores culturales del museo.

Ellos me invitaron a hacer mis versos en homenaje al artista, ignorando que Gerardo «me obligaba» a recitar mis poemas cada vez que me encontraba en alguna reunión. Halagado, le agradecía accediendo gustosamente.
Pensé, al recibir la convocatoria, que le habría encantado que le cantara mis locuras y le habría vacilado hasta la carcajada que entonáramos los versos del gran Cholo santiaguino hacia las luces de nuestra tradicional ciudad, así que, ipso facto, accedí.
Participaríamos el poeta piurano-estadounidense Roger Santiváñez y los aedas Luis Eduardo García, Jorge Hurtado, Ray Paz Quesquén, Hilsa Rodríguez, Eduardo Saldaña y Carolina Salazar. En la música, Maes Vega y el Conde Luis Flores Sánchez, condimentarían a violín y piano la presentación.

Fue una velada exquisita. Los poetas brindaron sus mejores versos, su mejor performance. La gente, loquísima, se detuvo en la calle para escuchar a estos locos amantes de la belleza. Néctares de uva y cebada recorrieron las gargantas y los juguetes del museo cobraron vida: Eran la vida de Gerardo. Eran su esencia juguetona y amiguera, llena de seres y de mundos, de dimensiones misteriosas y lúdicas, avivada en ese ambiente dicharachero e informal que lo evocaba.
La ruta nocturna continuó inspirada por el áura del pintor y terminamos, a altas horas de la noche, haciendo unos poemas en el conocido bar El Trasgu, en medio de un público juerquero y etilizado donde brindaba una guapa señorita por la que se suscitó un violento altercado entre dos caballeros rivales:
Era -y no había ido al recital- la sobrina de Gerardo Chávez.
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