“El Oasis hidráulico de Piura”

Texto & Fotos:
Erick Aquino Montoro
Código Orcid
Esta joya hidráulica, enclavada en el valle del río Chira, promete escapadas revitalizantes, aunque no exentas de sombras ambientales.

Breve historia de su construcción
La represa de Poechos, fue inaugurada en 1977. Representa un hito de la ingeniería hidráulica peruana. Su génesis remonta a los años 60, impulsada por la necesidad de regular las crecidas del río Chira y garantizar el riego en el árido norte. Con un embalse de 1.110 millones de metros cúbicos y una altura de 45 metros, fue construida por el Ministerio de Agricultura con cooperación internacional, transformando un cauce impredecible en una fuente perenne de vida. Este coloso de hormigón y tierra no solo domó las aguas, sino que simbolizó la modernización agrícola de Piura en plena dictadura militar de los años 70.

Cómo llegar desde Piura
Desde la ciudad de Piura, el trayecto es accesible y breve: 45 minutos por la Panamericana Norte (PE-1N) hacia el norte, desviándose en el km 32 por la vía Poechos-Sullana. Se recorren 35 kilómetros asfaltados en auto particular o colectivo desde el terminal de Castilla.

También puede visitarla a través del distrito de Lancones, pasando Sullana. Recomendable partir temprano para evitar el sol de la temporada. En caso no vaya con movilidad propia, no olvide de preguntar por los servicios de taxi o mototaxi que facilitan el transporte hacia el último tramo hasta la zona recreativa, con costos accesibles y negociables.

Importancia de la represa
Poechos es pilar del desarrollo piurano: irriga 30.000 hectáreas de cultivos como arroz, algodón y limón, abastece a más de un millón de habitantes y genera energía hidroeléctrica modesta. Su rol en la seguridad alimentaria y la estabilidad económica la erige en emblema de sostenibilidad regional, mitigando sequías como la de 2017 y fomentando la agroexportación que posiciona a Piura en el mapa nacional como una de las regiones agroexportadoras más prósperas y exitosas del Perú.

Uso turístico de la represa
En la temporada de verano el embalse destinado al turismo atrae a muchos veraneantes, quienes pueden disfrutar de zonas de camping, pesca artesanal y de espacios para la natación y el buceo recreativo. El área turística está rodeada del paisaje típico norteño y ofrece la posibilidad de realizar actividades de avistamiento de aves –garzas y flamencos-, así como de la actividad fotográfica. Los fines de semana es común ver ferias gastronómicas con oferta de ceviches y chicharrones en la ribera, consolidando el lugar como epicentro de turismo familiar.

Desafíos en mantenimiento y limpieza
El mantenimiento de la zona de esparcimiento enfrenta desafíos para mantenerse limpio. La entidad gestora invierte en dragados anuales, pero presupuestos limitados retrasan inspecciones del lugar. La basura acumulada en la orilla —botellas, redes de pesca y desechos orgánicos— disuade visitantes, degradando la experiencia visual y sanitaria.

En picos veraniegos llegan vendedores de comida para aprovechar la oportunidad, pero generan desechos orgánicos e inorgánicos ahuyentando a bañistas. No estaría mal que las autoridades competentes realicen actividades de fiscalización, promuevan un turismo controlado, para así contrarrestar la falta de educación ambiental en vendedores y visitantes.
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